Más de alguno que me conoce se va a reir, pero soy valiente: sí, me he pensado más o menos seriamente comprar una bicicleta plegable. Me fascinan por dos motivos. Son una pequeña maravilla con sus sistemas de plegado y me parecen una solución tremendamente inteligente para los desplazamientos urbanos.

Para llegar hasta mi trabajo me voy en coche hasta el tren, hago 45 minutos de trayecto y me bajo en Madrid. Desde ahí tengo unos 20 minutos a pie hasta la oficina. En total, tardo más o menos una hora y cuarto. Creedme, esos 20 minutos andando los cambiaría encantado por unos 10 o menos en bicicleta. Sobre todo cuando tengo que hacerlos de regreso, al final de un día de trabajo.

La bicicleta plegable es un invento que a todos los que están mi situación nos viene de perlas. Pesan unos 10 kilos, se pliegan y no abultan más que una maleta de esas que puedes llevar en la cabina del avión. Fácilmente transportables en el tren, el maletero del coche o en un autobús. Cuando llegas a destino, se pliega otra vez en menos de un minuto y se puede subir y guardar en un armario. No me vais a decir que no es genial.

Por cierto, la de la foto es una Uri Bike, creada por el mítico Uri Geller, que ha pasado de doblar cucharas a doblar bicicletas.

Las hay de todos los tamaños, aplicaciones y precios. Desde ruedas realmente pequeñas (14 pulgadas) hasta mayores y pensadas para paseos más largos (20 y 22 pulgadas). Con ruedas de ciudad o para caminos de tierra. Hechas en aluminio, acero o incluso Kevlar. Y los precios van desde unos 280 euros hasta más de 1.000.

Yo las he visto en la ciudad (más de un ejecutivo en traje bajándose del tren) y en Internet:
http://www.labiciplegable.com/

http://www.supersport.es/

http://www.labiciurbana.com/